Taller de historias · 3 min
Por qué descarté los viajes en el tiempo
Los viajes temporales son tentadores, pero sus reglas y paradojas pueden acabar devorando la historia que pretendían servir.
Los viajes en el tiempo son muy atractivos desde el punto de vista narrativo. Situar a una persona en un lugar al que no pertenece, alterar el pasado o intentar evitar un futuro… es divertido de imaginar y de escribir.
Sin embargo, tienen un gran problema: en una historia donde los viajes en el tiempo existen, nada es definitivo.
Si todo puede rehacerse, el conflicto pierde peso. El sacrificio pierde valor. La urgencia desaparece. Si el héroe falla, repite. Si alguien muere, volvemos atrás. Si no llegamos a tiempo… bueno.
Ahí es cuando el autor introduce limitaciones. Pero esas limitaciones siempre son arbitrarias. Los viajes en el tiempo no existen; no hay manual al que acudir. Las reglas se inventan, y cada regla genera un nuevo “¿por qué?”.
Solo se puede usar una vez. Entonces construimos más máquinas.Solo funciona los días de luna llena. Pues el mes que viene lo intentamos otra vez.Solo se puede viajar unas horas. Entonces llevemos varios artefactos y usémoslos en cadena.
Destruirlos “para siempre” tampoco resuelve nada. Si el viaje fue posible una vez, la posibilidad forma parte del mundo. Y lo que forma parte del mundo siempre puede volver.
Para el lector, eso genera inquietud. Es como resolver una novela de misterio revelando que el asesino es alguien que no había aparecido antes. El lector deja de jugar. Deja de implicarse. Porque no sabe cuáles son realmente las reglas.
Y entonces el viaje en el tiempo se convierte en el protagonista. Ya no importa el héroe, sino el mecanismo.
Los multiversos añaden otro problema. Si cada alteración crea una nueva línea, la épica se diluye. Salvar el mundo deja de ser salvar el mundo: es salvar uno entre muchos. Y si existen múltiples versiones del héroe, siempre habrá otra disponible. La consecuencia se relativiza.
Por eso descarté la primera idea que tuve para Mi hermana de otro mundo, donde Caelia viajaba entre dimensiones con un desfase de 28 días y tenía que regresar al momento en el que se fue. Enseguida aparecieron grietas porque, si puede volver atrás viajando entre dimensiones, puede repetir hasta llegar a tiempo. Sin prisa. Comiendo patatas fritas.
Cuando siempre hay otra oportunidad, la tensión desaparece.
Los viajes en el tiempo son divertidos de construir, sobre todo en relatos y ensayos. Pero en una novela larga, donde lo que importa es el peso de las decisiones, se convierten en un protagonista lleno de grietas.
Y en narrativa, una grieta siempre acaba siendo una puerta.
Yo al final encontré una manera de usarlos... sin usarlos.Pero esa es otra historia.
— Alejandro
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